jueves, 27 de enero de 2011

La Campaña Electoral Sucia

Los anuncios políticos de campaña "negativos" o "attack ads" que cada período electoral inundan los medios de comunicación,  Y a pesar que los candidatos prometen realizar campañas constructivas y sin ataques personales, al final, con raras excepciones, todos terminan en el mismo trapecio dando golpes bajos. Ante la intensidad de una campaña electoral crece la sucia disposición que va acercándose al día de la votación: la campaña sucia.

Cuando en las encuestas de opinión son claros los indicadores de las intenciones de voto de los electores por un candidato o partido, se dan varios movimientos políticos desesperados que lanzan ataques sus contrincantes.Las encuestas y los análisis muestran que la ventaja que tienen los candidatos a cargos de elección popular antes de sus cierres de campaña tiende a desaparecer y eso se debe ciertamente a las tácticas agresivas. La desesperación o la confianza de candidatos y partidos  pueden caldear más los ánimos de militantes, simpatizantes y naturalmente de de los electores, que prefieren emigrar a otro partido, o abstenerse.
Hay signos de preocupación; diferentes actores se han pronunciado al respecto, unos pidiendo cordura, otros más por puro y descarado protagonismo y, solo unos cuantos apuntando  al origen del problema. ¿La imaginación e inteligencia en los  partidos políticos y de sus candidatos se ha agotado? . Las campañas sucias al parecer ya forman parte de la cultura política nacional.

Este tipo de "estrategias" se fundan en la emisión de mensajes claramente  negativos sobre los  contrincantes. Como ejemplo en México el ex gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán, denunció la existencia de tentaciones de "subvertir" la vida, tranquilidad y productividad 
de los veracruzanos durante el proceso electoral de la contienda electoral delpasado 4 de julio de 2010. Por ello, advertía que los actores del 
quehacer político y social, que son los partidos y candidatos, tienen una responsabilidad compartida y deberían hacer propuestas que destierren 
lo que hoy ensombrece a México: desanimo, irritación, dolor, angustia, desesperación y, en muchas otras partes del país, crisis económica y de seguridad.  
Las experiencias de los expertos y analistas manifiestan que aunque existen formas de contrarrestar todo tipo de calumnias, si en estas no se refutan las mentiras, y/o falsedades o ignorarlas, se corre el riesgo de que se propaguen. Pero si se responden  los ataques, pierden el debate y puntos de aceptación que son importantes. O bien que quien las propague pierde tanto en las encuestas como en votos; pierde credibilidad.
Las guerras sucias dan una idea de lo que se  está provocando;  y al respecto hay mucho que decir y reflexionar. Y es que a partir del 2000, elección tras elección,los candidatos salen en búsqueda del "poder por el poder” y que para conseguirlo no escatiman en 
recursos, poco importa a quién tengan que destruir.Las campañas electorales son una guerra y ninguna guerra es  limpia. Las campañas son el reflejo de la cultura política imperante.

Generalmente el elector no se inclinaba  por ese tipo de prácticas, los estudiosos piden debate de ideas, el  pueblo necesita soluciones a su problemática y difícilmente no disfruta de todo el circo que se monta alrededor de los procesos  de elección y así es como se ha caído en el círculo vicioso de ver  campañas dirigidas a lo emocional aunque  se incurra en conductas descalificadoras.
Hay  candidatos y/o sus operadores que creen que son muy eficaces y por eso la usan, porque tienen una errónea concepción o asesoramiento, que si las usan creen que así se posesionan mejor. Los electores se quejan de este tipo de ataques, pero en algunos candidatos y sus  equipos de campaña les resulta muy difícil resistir la tentación de utilizar estos métodos, sobre todo cuando van perdiendo.
Hay  asesorías  políticas, que recomiendan campañas electorales con mensajes belicosos. Se dice que en un mercado político muy disputado y financieramente suculento, los despachos de consejería política exportan estrategias agresivas y trucos a partidos de derecha y de izquierda con un resultado a menudo no despreciable, como la obtención de la presidencia de un país, o la gubernatura de una entidad.

Tal parece que los partidos recurren a mecanismos que muy poco aportan a la búsqueda de un voto de calidad. Un voto decidido después de valorar la pertinencia de un plan de gobierno o de una plataforma de trabajo legislativo? Interesa el voto por la cantidad, no por la calidad. Y esa es la lógica que subyace en la “Campaña Sucia”. De suprimirla, muchos candidatos no tendrían nada que decirle al votante. 
 

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