martes, 6 de diciembre de 2011

** HABEMUS PAPA, O LA SABIDURÍA DE CONOCER A LOS OTROS

De Daniel Eskibel.

Anoche fui al cine y vi 'Habemus Papa', la película del italiano Nanni Moretti. La historia es bastante original, por cierto.
Un nuevo Papa es elegido pero cuando va a dirigirse por primera vez a la multitud de fieles sufre un ataque de pánico que le hace huir. Entonces el Vaticano recurre a un renombrado psicoanalista para encarar el problema.
A partir de allí la trama se complica: el Papa recorriendo anónimamente las calles de Roma, interactuando con la gente común, el psicoanalista ateo atrapado dentro del Vaticano e interactuando con los dignatarios religiosos, un guardia ocupando secretamente las habitaciones del Sumo Pontífice...
La película encierra un secreto que todo aquel que trabaja en política debería grabarse a fuego. Es vital tratar de conocer a los otros. No a los otros parecidos. No a los otros vinculados. No a los otros que no son tan otros. Sino a los otros diferentes. Muy diferentes. Otros.
Hay que ver al maravilloso Michel Piccoli poniendo rostro a ese Papa que descubre a la gente común, de carne y hueso, la gente que tiene una vida tan cerca y tan lejos del Vaticano. La gente, simplemente.
Hay que ver al psicoanalista dialogando y hasta jugando con esos Cardenales tan alejados de su vida y de sus concepciones y hasta de su manera de sentir.
Hay que ver a ese guardia confinado en la recámara del Papa y poniéndose durante algunas horas en la piel y en la costumbre de aquel ser humano tan lejano al que custodia detrás de la puerta.
Los 3 descubren, experimentan, se asombran, aprenden. Los 3 comprenden. Los 3 crecen.
No hay peor error político que enclaustrarse entre los iguales.
Hundirse por completo entre quienes piensan lo mismo y sienten lo mismo.

Y no hay mayor virtud que abrir puertas y ventanas y salir a descubrir a los otros. No a más de nosotros. A los otros verdaderamente otros.
'Habemus candidato', decimos a veces. Y nos preguntamos si la gente conoce a ese candidato.
Pero esa es la pregunta equivocada.
Porque la pregunta decisiva es si ese candidato conoce a la gente.
Daniel Eskibel



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