lunes, 25 de febrero de 2013

ENTENDER LO QUE SE LEE, ES UN ARTE PROVECHOSO



Muchos son los que leen, pero sin provecho; aún más quizá con grave daño de su propia formación. La lectura sólo es provechosa si se cumplen estas dos condiciones: que se entienda lo que se lee y que se graven muchas cosas en la memoria.

Lee, pues, despacio y meditando. El aguacero no sirve mucho a las mieses; tampoco la lectura rápida fomenta la cultura.

No puede aprobarse aquella manera de leer con furia. Si a las manos llega un libro interesante, se deja todo.

El que mucho lee, pero no reflexiona sobra la materia leída, llena su memoria, pero de trastos inútiles; su cabeza será como una biblioteca cuyo catálogo se ha perdido; nunca podrá ir con sus propios pues pies, sino que le amonestará la corriente del vulgo indacto. Y esto acontece no sólo al tratarse de los tesoros de la ciencias, sino también en lo que se refiere a nuestros sentimientos más santos.

Leer meditando. El que lee sin pensar y sin contrastar las afirmaciones de los libros ni pasarlos por el tamiz de la propia convicción, no se sorprenda de su vestidura espiritual es muy abigarrada: dará la impresión de un hombre que hubiese comprado su traje a un ropavejero: pantalón rojo, zapato amarillo, smoking, chaleco de frac, corbata verde, camisa rayada… ¡una birria! Mons. Tóth.

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