lunes, 27 de mayo de 2013

LA SANACIÒN ESPÌRITUAL


Cuál es la cosa más necesaria para una sanación espiritual?

Un arrepentimiento sincero y una voluntad firme de querer enmendar los errores.

El que desea recoger copiosas mieses, antes de todo, ha de quitar todas las piedras, ha de extirpar las raíces de las malas hierbas y espinas, y después ha de sembrar en la tierra la semilla buena en su camino; es decir ha de pulir y elevar hacia lo más alto sus pensamientos.

La sanación espiritual viene a ser una extirpación de malas hierbas y una siembra de buen grano.

Para ello, será fortalecer el carácter, firmar con sinceridad y con conocimiento pleno.

No en vano aconseja ya el sabio de la antigüedad: Conócete a ti mismo. Este conocimiento propio, esta mirada seria, penetrante, en nuestro propio espíritu, es tan importante como difícil, y acaso desagradable… y lo es, principalmente, en la juventud. El que desconoce el estado de su propio espíritu, ¿Cómo podrá esperar adelanto?
Todo factor que descubre claramente el fin del hombre es valioso medio educativo. Pues bien; el fin sublime de la vida humana nunca se presenta con luz màs viva a nuestro espíritu que en el examen de conciencia preparatorio para la sanación espiritual, ya que en ella nos damos cuenta más cabal de nuestro fin, es decir el error. En la losa sepulcral del hombre que se halla sanado no podrá inscribirse la frase que Albano Stolz recomendó, a guisa de inscripción sepulcral, para muchos de nuestros contemporáneos: “Hier ruhtèin Mensch nicht wusste, wozu er lebte” Aquì descansa un hombre que no supo por qué vivió.

San Agustín decía: “quiero mencionar-escribe-todos los horrores que he cometido…No porque encuentre complacencia en ellos, sino por quererme y querer a mi creador…Quiero pagar con mi corazón por tu amor. “Vitia sua confiteri, sanitatis indicium est” Confesar los propios vicios es inicio de salud” Mons. Toth.

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