jueves, 3 de octubre de 2013

POLÍTICA, DIPLOMACIA, ESTRATEGIA

El manejo del detalle, la visión de los objetivos, las políticas estratégicas, la atención a las minucias, la táctica política y la organización militar; una gran inteligencia, la observación meticulosa de los formalismos, la exigencia del cuidado personal; la delicada sensibilidad, el pragmatismo, la innovación constitucional, el patriotismo pleno, la habilidad general y una amplísima visión política, son las características de Armand-Jean du Plessis de Richelieu. Así lo describe en su libro Anthony Levi, al avizor nato del Cardenal Richelieu. 

Citar las características de un hombre de Estado, al político, al diplomático y al estratega, es saborear exquisitamente su gran obra humana, que refleja las grandes ventajas que el hombre en la política desea alcanzar. Cultivarse en la pintura, la literatura, el teatro, el baile, la música, la escultura y la decoración, es crearse en la cultura que todo político debe tener, si es que quiere como él, manipular a la opinión púbica culta en una concientización de la gloria nacional, que se necesita en esta era. Hablar del mentor, el que guía, el que seduce, es darle mejor marco a la definición del término líder. 

Contar con una aguda inteligencia y poderosa imaginación, es construir el enriquecimiento personal en todos sus órdenes. Visualizar las intrigas, las conspiraciones, las traiciones y los silencios en política,  de quienes las provocan, es fortalecer el ánimo y la visión para crecer. La información numerosa y bien organizada en una figura así, juega un rol importante y necesario, se necesita, se exige y se solicita en la tarea de tomar las mejores decisiones. 

Aprender la esencia política de Richelieu, es advertir su astucia, en la ocultación de sus objetivos y la habilidad para protegerse con su arma más poderosa que tenía: el silencio.

El ser congruente consigo mismo, el entrelazamiento del deber y la ambición, es tener la compatibilidad con sus lealtades políticas. Tener una personalidad marcada por una autodisciplina inflexible, un valor sobresaliente, una inteligencia penetrante y un profundo compromiso, así como de una enorme calidez y principalmente el encanto, son las cualidades de los hombres de poder.


La política como arte, es admirar como los grandes hombres la realiza, como la teje, la estudia y la diseña a través de sus acciones: Quién desea alcanzar el poder político y no tenga las cualidades necesarias para ello, entonces no descubrirá conseguir las oportunidades y de crear las estrategias de manera fascinante de una identidad muy personal.

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