viernes, 11 de octubre de 2013

ROBESPIERRE

Citar al modelo político, es invadir la historia de aquellos hombres que han dejado huella en su paso por el mundo. Lograrlo no es para los que no creen en sí mismos, ni para aquellos en que la iniciativa no les va, y que su iniciación al lugar de ayudarlos, les estorba.

Maximilien Francois Marie Isidore de Robespierre, fue un Político y revolucionario francés y afín a las ideas liberales que abogó por los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Se distinguió como un elocuente y fogoso orador en la corte de Francia. Defendió la concesión de los derechos políticos a todos los ciudadanos, el sufragio universal y directo, las libertades de prensa y reunión, la educación gratuita y obligatoria y la abolición de la esclavitud y de la pena de muerte, Fue un  convencido del orden constitucional, y distinto del orden revolucionario que debía llevar a él.

La teoría de Maximilien sobre el gobierno revolucionario queda sellada sobre el estigma de su existencia:

La teoría del gobierno revolucionario es tan nueva como la revolución que la ha traído. No hay que buscarla en los libros de los escritores políticos, que no han visto en absoluto esta Revolución, ni en las leyes de los tiranos que contentos con abusar de su poder, se ocupan poco de buscar la legitimidad; esta palabra no es para la aristocracia más que un asunto de terror; para los tiranos, un escándalo; para mucha gente un enigma. El principio del gobierno constitucional es conservar la República; la del gobierno revolucionario es fundarla. El gobierno constitucional se ocupa principalmente de la libertad civil; y el gobierno revolucionario de la libertad pública. Bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público; bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. El gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional; a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte.


Solo aquellos que sobresalen en su experiencia, son dignos de ser hijos de la historia y de ésta su herencia.

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