viernes, 19 de septiembre de 2014

FIN DE UN PARTIDO CUASI HEGEMÓNICO EN LA CAPITAL DEL PAÍS


El término hegemónico creado por Giovanni Sartori, viene a colación de analizar los porqués de un partido que desde 1997, ha sentado sus reales electorales en la administración pública local, a través de la Jefatura de Gobierno y en las demarcaciones territoriales (delegaciones políticas), en los cargos de representación legislativa (diputados federales y locales (ALDF).

Un partido político pierde el poder cuando éste pierde credibilidad, es decir empieza un declive natural por los años de ejercicio del poder.

Cuando un partido político desde sus aspiraciones al poder, es creíble, distinto, vanguardista, hace de su política, la bandera ciudadana, y ésta por consecuencia le otorga confianza y credibilidad.

Pero a través de ese mismo ejercicio de poder, se inician los “errores” de administración, de gobierno, de servicios, de atención y no se corrigen o se endosan a otros, es el inicio de un abuso del poder conferido por los gobernados.

Cuando el gobernante en turno es analizado por la opinión pública, y está decide que su administración está en declive por su actuación, entonces su popularidad disminuye e influye en el ánimo ciudadano.

Hoy, esa administración pública ha perdido casi su credibilidad. Naturalmente que no todo no se debe exclusivamente a las actuaciones del actual Gobierno, aunque algunos de sus errores políticos profundizaron este peligroso fenómeno, sin embargo, fueron las actuaciones de los gobernantes anteriores las que crearon la desconfianza entre los ciudadanos.

Las omisiones, culpas, quehaceres, oficios, pronunciamientos, imágenes de funcionarios, y legisladores, causan fuerte impacto ante los habitantes y ciudadanos de la capital del país, y cuando esto no es satisfactorio, entonces las opiniones de los posibles votantes, empezará a voltear hacia quienes sean diferentes.

El transfuguismo no se tolera entre ni en la familia política, y tampoco entre los posibles votantes. Causa hilaridad y deja como consecuencia la desconfianza e inconformidad.

La suma de todas las acciones negativas lleva a desconfiar en un partido y en sus administraciones que crearon expectativas y que hoy no tienen credibilidad.

La esperanza del ciudadano es que surjan candidatos cuyas trayectorias hablen por sí y para los demás y se ganen la confianza ciudadana para una nueva transformación del andar político, por el camino de una nueva pluralidad democrática, y no por la vía de las “dictaduras democráticas” de un solo partido.

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