viernes, 30 de septiembre de 2011

LA VIRTUD DE LA DISCRECIÓN, COMO FACTOR DE CONFIANZA

¿Debemos tener la capacidad de guardar un secreto?


La discreción como virtud, debe ser el modelo de acción que nos acompañe siempre en el desarrollo de lo que hacemos y él cómo hacerlo.

La discreción, se dice que es la rectitud para formar un juicio y actuar con tacto para lograr nuestras metas y proyectos y ser admirados, respetados y así ser dignos de confianza.

La discreción debe ser la guía y la fuerza para hablar u obrar.

Ser discretos es aprender y guardar la prudencia correspondiente de lo que hacemos, vemos y sabemos.

La discreción es todo lo que nos indica el hacer aquello que conviene hacer, aquello que conviene decir; saber callar aquello que nos ha sido confiado y no decirlo.

La discreción es cuidar, no dar publicidad a los asuntos que resulte de la índole del acto en las funciones, las responsabilidades y comunicaciones que deben saberse y hacerse.

Es saber cuidar las intimidades de la vida propia y la vida ajena.

La discreción es la cualidad más distinguida de toda persona bien nacida, para no decir algo que se sabe o piensa, y que actúa con moderación, prudencia y sensatez.

La discreción es la confiabilidad y delicadeza de lo más secreto y reservado de las personas y en los lugares que corresponda.

Toda persona discreta es una joya, es un aliado confiable. Es un profesional admirado y solicitado. Es alguien respetado, respetuoso y respetable.

La discreción es la pequeña virtud de la delicadeza, de la fuerza espiritual, de la prudencia en el juzgar, en el obrar, en el hablar, en el mirar, lo que nos lleva actuar y hablar con oportunidad.

La discreción es la heredera de la prudencia, “la reserva de las acciones”.

La discreción es el sentido común, sabiendo en qué lugar estamos, con que personas nos relacionamos; que pertenece a la vida pública y que pertenece a la vida privada de cada cual.

Ser discretos nos trae muchas ventajas que cualquier otra cosa; es actuar con mesura, templanza, comedimiento, y con cautela.

Ser discretos, nos trae efectividad, es tener “un perfil bajo”, sin humillaciones o falta de carácter. Es contar con plena seguridad, firmeza, inteligencia y conocimiento para desarrollarnos.

Una persona discreta sobresale por lo que sabe y de cómo lo aprovecha para destacar.

La discreción cómo virtud debe ser el ingenio que nos acompañe siempre en el cometido de evitar los errores y/o enmendarlos.

Si actuamos con discreción, seremos más confiables, y la confianza trae réditos a todo plazo.

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