lunes, 18 de febrero de 2013

ANTE LA RUTA POR EL OCÉANO


 

Elegir una carrera profesional, es el puerto marítimo en que están anclados grandes trasatlánticos, llenos de la carga más preciada.

Cada buque tiene su peculiar destino, su bandera, su carga, su tripulación; no hay entre ellos nada común, a no ser la esperanza confiada, el entusiasmo, la seguridad de llegar a un buen término. Y, sin embargo, algunos de los buques se hundirán estrellados contra los escollos; serán otros juguetes de huracanes desatados, y nunca llegarán a su destino. Y allá, en la otra orilla, en vano sollozará el padre, en vano esperará la vuelta de su hijo, tragado por los abismos sin fondo…

También a ti te espera en la orilla de la voluntad, tu Padre Espiritual. ¡Alerta! Embárcate en un buque que no te lleve a los escollos, y que sea capaz de desafiar las tempestades de la vida.

He aquí cómo se yergue ante ti la gran cuestión: ¿Qué carrera escojo?

El escoger carrera es un problema difícil. Es una de las incumbencias más complejas de elegir. No hallarás felicidad en la vida, no trabajarás con éxito, no asegurarás la salvación de tu ser, a no ser que escojas con acierto tu carrera.

En una carrera mal escogida, el trabajo se hace sin bríos, la vida es un yugo pesado, la paz interior, es una cosa desconocida.   

El momento de escoger carrera es decisivo para toda tu vida; más aún de ti depende tu tranquilidad espiritual y muchas veces la eterna suerte del destino…

Lo importante no es la posición que ocupes, la oficina en que trabajes, sino el acierto en escoger el puesto que te corresponde y el modo de pensar respecto a tu vocación.

Echa el pájaro al agua, y perece; no es ese su elemento. Saca el pez al aire, y morirá; debe vivir en el agua. Así también los individuos, los pueblos solamente serán felices si viven en su medio adecuado. Lo dice gráficamente un adagio inglés: The rigth man on the right place, “Tal hombre tal puesto”.

Por lo tanto, al escoger carrera, nunca pierdas de vista la voluntad de Dios. Antes de todo fija un ideal a tu vida, y así te será más fácil escoger una carrera que pueda guiarte al mismo. El ideal de la vida y la carrera del hombre no pueden ir contra su fin supremo. Somos de Dios y por él vivimos.

La carrera que escojas o te veas obligado a seguir, anímala y levántala con nobles propósitos.

En el momento de las grandes pruebas no te dejes quebrantar, Permanece firme, conserva con tenacidad el tesoro de tu vocación, cuídalo con esmero y constancia. Mons. Tóth.

 

 

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