lunes, 20 de octubre de 2014

LA HIGIENE EN EL OFERTORIO Y LA COMUNIÓN

El establecimiento de la limpieza espiritual y corporal (manos), en el ofertorio que el sacerdote ofrece las especies eucarísticas (pan y vino), es un rito que forma parte de una misa. 
La oración que el ministro de la iglesia dice en latín es:  Da, Domine, virtutem manibus meis ad abstergendam omnem maculam; ut sine pollutione mentis et corporis valeam tibi servire. Amen.
Purifica, señor, de toda mancha mis manos con tu virtud, para que pueda yo servirte con limpieza de cuerpo y alma. Amen
La costumbre de que los laicos distribuyan la comunión no es actual, Es en 1972, cuando Pablo VI estableció que los “acólitos instituidos”, que pueden ser laicos, fueran ministros extraordinarios, pero permanentes, de este ministerio de la comunión. Finalmente, en el año 1.973, la Congregación de los Sacramentos establece los motivos y modalidades de la distribución de la Comunión por laicos, así como la repetición de la Comunión en el mismo día, la mitigación del ayuno y la Comunión recibida en la mano. Hace cuatro o cinco años, que en Roma se calculaban en unos 800 los ministros extraordinarios de la Comunión oficialmente nombrados como tales, de los cuales unos 200 eran laicos y el resto religiosos.
La Iglesia Católica debe hoy en tiempos de enfermedades infecciosas virales, instituir en los llamados laicos, también la sana costumbre de que antes de que impartan la comunión, ya sea bucal o en la mano, lavarse las manos como lo hace el ministro del culto y recitar la oración correspondiente. Costumbre que daría más confianza en quién recibe el sacramento de la comunión.


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