viernes, 19 de agosto de 2016

LA CDMX Y EL OXIGENO



En una extraordinaria disertación del doctor Mario Molina, el pasado martes 16, en el Colegio Nacional y en la que me sorprendió con que la CDMX, tiene menos 23% menor de oxigeno que al nivel del mar. Dato de por sí sorpresivo, que debemos tener muy en cuenta.

La CDMX, se localiza en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), y está integrada, por 16 demarcaciones territoriales, por 37 municipios del Estado de México y 1 del estado de Hidalgo. Cuenta con aproximadamente 19 millones de habitantes, albergando casi el 18% de la población total del país. Y ocupando un área de 3,540 Km casi urbanizados totalmente. En ella circulan semanalmente un promedio de 5 millones de vehículos y, casi 53,000 mil industrias asentadas a sus alrededores.

La CDMX considerada la segunda más poblada del mundo y el valle de México está rodeada de montañas en 3 de sus lados, que actúan como barrera y dificultan la libre circulación del aire. Al localizarse a 2,240 m de altura sobre el nivel del mar y aunado a la intensa radiación solar, la merma de tener menos oxígeno, nos hace a sus habitantes y turistas que respiremos mal y contaminarnos peor.

Por lo que la respiración debe ser la base de que todo vaya bien en nuestro cuerpo, ya que el oxígeno asegura la actividad cerebral, ayuda el funcionamiento del sistema nervioso, las glándulas, los músculos y los órganos. La ciencia nos indica que los niveles de oxígeno en sangre normales van desde 95 a 100 por ciento y aquello menores de 90 se consideran bajos.

Ese menos 23 por ciento de oxígeno que nos hace falta en la capital del país, nos obliga a cuidarnos más y hacer más ejercicio. Nuestro cerebro depende del oxígeno para funcionar. Las cédulas mueren sin oxígeno. Una saturación de oxígeno baja causa problemas mentales como confusión y pérdida de memoria a largo plazo. La falta de oxígeno representa un grave problema de salud. La falta de aliento, el cansancio, el estrés, la rutina diaria, la falta de ejercicio, el sobrepeso, la mala alimentación, el consumo de azucares, las enfermedades pulmonares (que evitan que llegue suficiente oxígeno al flujo de sangre). Una saturación de oxígeno baja continua puede dañar la capacidad del cuerpo para respirar adecuadamente.

¿Pero cómo respirar mejor y suplir esa deficiencia natural?
La ciencia recomienda hacerlo de forma lente y profunda. Inhalar el aire por la nariz y exhalarlo por la misma. Eliminar los gases y residuos que no necesitamos es hacer ejercicios de respiración de manera pausada y prolongada. De hacerlo reducimos la tensión muscular y a estar más relajados. Mayor sensación de energía y vitalidad. Gozar de un mejor sueño. Favorecer la concentración. Eliminar las toxinas. Ayudar a quemar grasa.

Ejercitarse, correr, no mirar al piso de manera recurrente, caminar erguido. Hacer pesas, estirar el cuerpo (para ampliar la respiración y favorecer la ventilación del organismo). Dejar de fumar, abandonar la vida sedentaria, permanecer más tiempo en lugares abiertos. Comer de forma balanceada (frutas y verduras). Paseos al campo y playa (lugares con más oxígeno y puro), y beber agua.
 







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