sábado, 22 de junio de 2013

AL ARQUITECTO DE UNIVERSO


Admirablemente ricos son los pensamientos del gran arquitecto del universo, así en las cosas colosalmente grandes como en las extremadamente pequeñas.

Hay espíritus filisteos que, al ver las cataratas del Niágara, exclaman “¡Enorme!” ¿Cuántos caballos de fuerza? Los hay también que en el seno del bosque no piensan sino en calcular cuántos metros cúbicos de leña puede contener.

Cada día y cada hora la gran naturaleza pinta en nuestra experiencia un nuevo rasgo de la majestad de Dios. Detrás del velo de la naturaleza vislumbramos acá y acullá el rostro escondido del Creador universal, y sabremos que aún nos rodea todo un mar de secretos indescifrables.

¿Amas las flores, el campo que exhala arenas, las mieses ondulantes? ¿Amas el riachuelo que sin freno corre por los montes, el bosque que susurra, la cima cubierta de nieve, el mar airado o en calma?

Los que han viajado por los alrededores del lago de Vierwaldtátt, no dejan de subir el Riger-Kulm para presenciar la magnífica salida del sol. Es el rayar del alba…los moles ingentes de los glaciales, envueltos por la luz pálida se visten de un tono gris… va amaneciendo, sale el sol y las cumbres chispean como antorchas encendidas y parece un mar de fuego… en medio de un profundo silencio, alguien suspira a nuestro lado: O Gott, o grosser Gott: “¡Oh Dios, Oh gran Dios!”

¡Mirad el cielo, la tierra, todo el universo! La hermosura del mundo entero, sus leyes, su orden preciso pregonan cantando: Hay por encima de nosotros un ser infinitamente sabio que lo creo todo, que fijó todas estas leyes. Un poder infinito; un poder que, dominando todo el universo, ordenó que los átomos, invisibles de puros pequeños, se uniesen para formar ingentes cuerpos siderales; que trazó caminos y dio leyes a las fuerzas titánicas, para que no hubiera desorden, sino un mundo bellamente ordenado, que se asienta en leyes fijas…

¿Quién estableció aquellas leyes más fuertes que l hierro, que a guisa de aros de acero rodean el mundo para que no se deshaga? ¿Los físicos? No ellos tan solo nos ofrecen los números de la velocidad con que corre, tal estrella. O nos dicen como describe aquella su órbita. Pero ¿quién pudo mandar a las estrellas que predominan de ésta o de aquella manera? ¿Sentía, jóvenes que respeto y emoción ha de apoderarse de nosotros todas las veces que pensamos en todas esas cosas? Uno de los naturalistas más conocidos en el mundo, Ampere, todas las veces que oía pronunciar el nombre de Dios, apoyando su ancha frente entre las manos, exclamaba: “¡Cuán grande es el arquitecto del universo!” ¡Cuán grande es Dios! Mons. Tóth

 

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