lunes, 10 de diciembre de 2012

UNA VARILLA MÁGICA


En la Edad Media, muchos hombres perdieron su fortuna, su tiempo, y no pocos su sentido cabal, en busca del medio de transformar metales sin valor en oro precioso.

El secreto de la fabricación del oro aún hoy sigue siendo ignorado por los químicos. Pero con qué facilidad podemos lograr para la vida eterna, hasta con nuestros trabajos más diminutos y al parecer despreciables, tesoros más valerosos que el oro.

La varilla mágica, capaz de dar un valor eterno a nuestros actos, si nuestra alma desde luego libre de faltas, es ésta: O. A. M. D. G. (Omnia Ad Maiorem Dei Gloriam: “Todo a mayor gloria de Dios”.

Un artista pintó un cuadro curioso. Un muchacho está junto a la pizarra y escribe una larga serie de ceros: 000000000. A su lado hay un ángel que pone el número 1 delante de los ceros. El título del cuadro es: “La buena intención”.

Todas las obras, todas las palabras, todas los pensamientos de nuestra vida carecen de valor, son un cero si proceden de la vanidad, del egoísmo, de la comodidad… Pero las mismas obras pueden trocarse en tesoros si las hacemos con buena intención, según la voluntad de Dios y a una mayor gloria suya.

Cada día de nuestra vida se convierte en una mina de oro inagotable si escribimos el principio de nuestras acciones O. A. M. D. G.

Qué medio tan sencillo, ¿Verdad?, sin embargo, con él puedes llenar de valor eterno hasta el trabajo más simple y más ordinario de la vida cotidiana. Mons. Tihamer Toth  

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